No nos engañemos... Porque si bien nos une la danza y el ansia del tango, él es hombre y yo mujer, y ambos estamos metidos en este baile que jugamos “inocentemente” y que pretende no mezclarse, pero que inevitablemente convive en la esencia misma del tango. Porque cuando la intensidad de la música se une a una coreografía casi perfecta y nuestros corazones laten al unísono, la respiración se acelera y se confunde el aliento, las miradas se cruzan fugazmente y el brillo de las pupilas destellan reflejos de emoción, de aprobación, de felicidad... En esos instantes, eternos y sutiles, una ráfaga de amor inunda las almas, y sentimos ganas de abrazarnos y de besarnos... Y con el último compás del tango, explotan de éxtasis los corazones y una especie de paz y gratitud nos invade de repente, poniendo fin a la danza, y abriendo una nueva oportunidad de encontrar, una vez más, un abrazo cada vez más preciso. Un abrazo intuitivo y sensible, que me guíe y me contenga; que me sostenga y nos equilibre. Un abrazo que me permita ser y soñar; que me colme y nos satisfaga. Un abrazo que me de confianza y libertad.
El abrazo justo en el tango, es el mismo que anhelo para el amor.
(Texto original: 13/07/2006 - Adaptación: 10/10/2008)
viernes, 7 de noviembre de 2008
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2 comentarios:
la aprobación está subestimada
Sí, es todo eso y mucho más! Bienvenida a la blogósfera!
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