jueves, 28 de enero de 2010

Esperanza (time after time)

La suerte está echada. No hay pausa. No se puede parar el reloj del tiempo que desintegra las horas inexorablemente. Nada se puede hacer para detenerlo. Es casi un suplicio. Y sabiendo de su finitud absoluta, la vida se empecina en continuar, y surgen las preguntas: ¿Para qué? ¿Con qué objetivo? Y la conciencia, sabiendo de su propio existir, busca encontrar o inventar respuestas para todo, en el sentido más amplio. Utiliza la inteligencia, aprende de los libros, estudia la historia, busca en la filosofía, en las ciencias, la política, la religión... Y encuentra todo tipo de conjeturas, hipótesis, pero no respuestas. Porque no hay respuestas ni conocimiento cierto ni infalible. Hay promedios y creencias, teorías y refutaciones, mitos y suposiciones, pero no verdades puras, sólo especulaciones. Y así la vida se torna una incertidumbre... Y aparecen los miedos y las dudas. Pero también hay valentía y hay dicha. Y entre ambos polos, un mar de posibilidades. Y en el medio, el espítitu humano, tan frágil y tan fuerte al mismo tiempo. Es tan sutil la línea divisoria que a veces es difícil precisar en dónde termina el llanto y cuándo comienza la alegría.
Los sentimientos se apoderan del alma y la mente trata de razonarlos, de entenderlos, en vano... Y nada puede hacer para evitarlo. Ayer, una pérdida inundaba el pecho de tristeza; y hoy, un nuevo encuentro, como una ráfaga de luz, ilumina la oscuridad y hace al corazón latir con fuerza. Y la vida cobra otra vez un nuevo sentido.
Porque todo lo que vive sabe, en lo profundo de su ser, que el Sol aún sigue brillando aunque sólo podamos ver una oscura e insondable noche estrellada. Un universo misterioso y eterno... Una mágica y maravillosa existencia.

(Texto original: 17/07/2006 - Adaptación: 28/01/2010)

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